miércoles, 3 de diciembre de 2014

Hermano

Hermano ateo,
aunque tú no creas,
Dios hombre por ti sufrió, murió y resucitó.
Podrás burlarte, harto ridiculizarme,
pero nada de eso cambiará lo acontecido;
nada impedirá que Dios te ame.

Hermano ateo,
¿a qué pedir lo más grande
si hasta en lo más pequeño se halla
el rastro de quién quiso crearte, amarte,
hacerte libre y no forzarte?

Hermano ateo,
palpito porque un día
tú también sepas lo que es sentirse
plenamente en sus manos;
para que tú también vivas el sentirse
del Amor correspondido y superado amante.

Hermano ateo,
rezo por ti, imploro por ti,
para que ceses en tu endurecido enroque
y te abras al divino arte.

Hermano ateo,
no te sientas ofendido ni a Dios ataques
por causa de mi torpe hablarte.
Sintiendo mi corazón preso lo hallo libre;
viviendo de inmerecido obsequio,
a compartirlo, conciencia me impele.

Hermano ateo,
no te sientas atado y vive plenamente.
Descúbrete criatura en manos del Padre.
Siente los soplos del Espíritu
en tu vida y en el mundo.
Vive en el Hijo,
verdaderamente,
el ser hijo.

Hermano,
abre la puerta y no la cierres.
Permanece alerta y dispuesto.
Por ti, por alguien, por lo que más quieras:
deja el prejuicio a un lado.

Hermano.
Simplemente,
hermano.

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