domingo, 10 de noviembre de 2013

Hacia ti

En la soledad, Señor,
te busco.
En el silencio, Señor,
te escucho.
En lo más profundo,
que es a un tiempo en lo más alto,
acudes a mi encuentro.
Y digo bien:
Tú eres quien acudes,
pues tú me sacas de la oscuridad;
pues tú me nutres y me amparas;
pues tú socorres a mi ser perdido.
Con tu inmensa misericordia
me arropas.
Con tu inmenso amor
me das cobijo.
¿Quién salvo tú, Señor querido
es el Camino?
¿Quién salvo tú, Señor amado
es la Verdad?
¿Quién salvo tú, Señor Jesús,
es la Vida?
A ti,
mi rey,
mi profeta,
mi sacerdote,
mi TODO;
a ti, cuanto soy,
lo poco que valga
y lo demasiado que tengo,
aún sabiendo ya que es tuyo,
te lo ofrezco.
Único y vero anhelo
es que este pedazo de arcilla tuya
cumpla tus designios
y logre vivir en, con, para y por ti,
alcanzando la configuración plena.
Hacia ti,
Luz en las tinieblas,
camino con ahínco.
Hacia ti,
Luz del mundo,
avanzo con ardor.

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