jueves, 29 de noviembre de 2012

Escucha

Párate
y escucha.

Escucha
el sonido de tu propia respiración,
la gente en la calle, el viento.

Escucha
el perro del vecino, el ruido del radiador.

Escucha
la voz de quien te hable,
el sonido incesante del reloj.

Escucha
y en el silencio oirás tus propios pensamientos.

Escucha,
tú simplemente escucha,
que el mundo es un poema
donde hay miles de voces
pero nos faltan orejas.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Proteger, alertar, socorrer


Uno, dos, tres, cuatro...
Unos ojos estáticos,
una mirada perdida.
Trece, catorce, quince, dieciséis...
Un cuerpo sobre el asfalto.
Ninguna reacción aparente.
... Veintiocho, veintinueve, treinta.
Insufla, coge aire,
insufla.
Chorros de aire de unos labios a otros.
Músculos quietos, parados, lánguidos.
Uno, dos, tres, cuatro...
Golpes contra el esternón,
buscándole al corazón su "on".
Trece, catorce, quince, dieciséis...
Piel que palidece,
nervios a flor de piel.
... Veintiocho, veintinueve, treinta.
Insufla, coge aire,
insufla.
A mis pies un vecino.
Casi un desconocido.
Uno, dos, tres, cuatro...
No pienses en nada.
Céntrate en lo que tienes que hacer.
Trece, catorce, quince, dieciséis...
Joder, esto no puede estar pasando,
espero que acabe bien.
... Veintiocho, veintinueve, treinta.
Insufla, coge aire,
insufla.
Dios, por favor,
que lata de nuevo
y respire bien.
Uno, dos, tres, cuatro...
El tiempo pasa.
Alguien pregunta si todo va bien.
Trece, catorce, quince, dieciséis...
¿dónde está la ambulancia?
¿No hay nada más que pueda yo hacer?
... Veintiocho, veintinueve, treinta.
Insufla, coge aire,
insufla.
El tiempo se ha parado.
La realidad tiene un radio de dos o tres metros.
Uno, dos, tres, cuatro...
Sujeta bien la lengua,
presiona bien.
Trece, catorce, quince, dieciséis...
La ambulancia ya llega.
Ni una mirada, ni un impulso.
No pares hasta que te lo diga quién.
... Veintiocho, veintinueve, treinta.
Insufla, coge aire,
insufla.
No tiene pulso,
no respira.
Manos enguantadas reemplazan a las tuyas.
Uno, dos, tres, cuatro...
Te apartas en tus pantuflas,
sientes de nuevo la sangre en tus pies.
Trece, catorce, quince, dieciséis...
Te apartas con el resto.
La cosa no pinta bien.
... Veintiocho, veintinueve, treinta.
Bolsa autoinchable, se llena,
bolsa.
Otro prepara la cacharra.
Compresiones,
pausa,
descarga.
Compresiones,
pausa,
descarga.
Oxígeno.
Pasan los minutos
y tiran la toalla
mientras con otra
recubren el cuerpo.
Los curiosos se dispersan.
Las batas se organizan.
Un familiar te dice gracias.
Tú sientes un nudo en la garganta.
Tragas
y sabe a muerte.
Romualdo,
descanse en paz.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Pies inquietos

Sientes los pies inquietos.
Te piden la orden para echar a andar.
Tu mente trabaja.
Monta esquemas.
Marca un rumbo.
Visualiza una destinación final.
Te parece correcta.
Le atribuyes tener sentido.
Esperas a la certeza
y arrancas a caminar.
Paso tras paso
convencido de que ya no vas a parar.
Todo está claro,
nada te va a hacer dudar.
Paso tras paso
porque es el camino que debes tomar.
Has llegado a esa conclusión.
Ahora toca rematar
y, a base de autosugestión,
limar las asperezas.
Cuando encuentres el rumbo correcto
todo será más fácil.
Cuando encuentres el objetivo
el sendero se va a allanar
(o al menos, más de uno,
eso hemos llegado a pensar).
Confías
y esperas.
No has tenido revelación.
No has vivido una gran experiencia vital
ni has hallado en un sueño la respuesta.
No, nada de eso.
Ni luz cegadora ni episodio trascendental.
Ni estado alterado de la consciencia
ni crisis existencial.
Tanteas,
como buscando a oscuras el interruptor en la pared.
Puede salirte bien
o desdecirte de lo que dijiste recién.
Puedes hartarte de parecer lelo.
Lo que hoy es blanco, puro,
mañana puede ser gris
o de un blanco con algún matiz
o incluso ligeramente anaranjado.
Dijiste: sí, seguro,
pero sin la certeza absoluta.
Ahora dices: no, seguro,
con la hostia completa.
Si hay herramienta eficaz para dar respuesta
de la que se valga la vida
ésa es el capón, normalmente figurado,
que a veces no sabes ni de donde te llega.
Entonces te hallas en ése cálido proceso
en el cual re-enfocas a collejas.
Vas probando apurando la paciencia
y a veces pese a pedir orientación
no obtienes ninguna respuesta.
Te llamarán cambiante, dubitativo,
bala perdida o inseguro.
Darle la espalda a todo no es la salida.
Añadirías un mal enfoque más a la partida.
Escupir y arremeter no calmarán tu ira,
sólo bajarán el aprecio del que te mira.
Tranquilo, respira,
siempre hay alguna salida.
No todo está perdido.
Siempre hay una opción
mientras sigas con vida.