martes, 29 de mayo de 2012

Fragmentos de una vieja canción

Aquí estoy.
Me ha costado
y he tardado mi tiempo
en darme cuenta de lo que quiero.
Qué más dará que los barcos hayan partido.
Qué importa ya que el tren haya pasado.
Qué carajo...
Así es la vida.
No siempre se tienen las cartas ganadoras.
A veces las tenemos
pero no cuando las queremos.
Momentos dulces...
cuando muestras tus naipes teniendo por seguro
que esa mano ya está perdida.
Momentos que recuerdan al sonido del ventilador de techo
con el fin de las puertas sonando de fondo.
Momentos pasados recostado en el sonido,
en una canción o en diferentes estrellas.
Traspasando umbrales de emociones internas
que dicen quererte sumir en los posos de alguna botella
pero que se diluyen con la lluvia en tu rostro.
El mundo está lleno de pozos:
algunos secos, otros frescos
pero también hay
tapados y olvidados.
Hay heridas
que se cierran sin haber cicatrizado.
Permanecen ahí,
esperando que nadie recuerde más su presencia,
pero permanecen.
En un gesto, en una arruga,
en algún objeto
o en el fondo de una mirada.
Como una marca en la piel al rojo
que hace que la melodía
ya nunca sea la misma.
No por recorrer más de 300 kilómetros.
No por recurrir a otros idiomas.
No por tratar de enterrar el corazón dolorido...
Por nada de eso podré impedir
que, a lo largo de mi vida,
alguna vez regresen con la lluvia
los fragmentos de una vieja canción.

viernes, 25 de mayo de 2012

Gapato (el gato que quiso ser pato)

Había una vez un gato
que quería ser ave un rato.
Por ejemplo un pato
y sobrevolar un bosque o un pasto.

Dijo: ¡Nadie me hace caso!
Me toman por un gato raso
de los que no saben dar un paso
y se ahogan en un vaso.

Consultó a muchos consejos de gatos
desde los que comían sin tener platos
hasta el más pijo de los aristogatos.
Ninguno le dió coba al gato.

Entonces dijo: ¡Vaya con los tíos!
Gatos que creía hermanos míos
pero se alejan como del agua de los ríos
y al escucharme se quedan encogíos.

Consultó obras de alquimia gatuna,
de genética, implantología y provó a pegarse plumas.
Por más que examinó alas de palomas sin fortuna
no halló vía para hacerse con unas.

A continuación dijo:
¡Me cago en las plumas de los pajarracos!
¡En sus madres y en sus boniatos!
¡Que acaben todos en el paté de pato!

Dió la casualidad que le oyó su primo
por parte de padre y de su sobrino.
¿Qué pasa que escucho maullidos de minino?
¿No te estará molestando el gato de algún vecino?


Escuchó la explicación de su gato familiar y amigo.
Tranquilo, puedo trabajar el tema contigo.
Prueba a comer esta sardina conservada en jugo de higo:
o te hará volar o te dejará tieso y frío.

Nuestro gato no lo dudó,
comió hasta las aletas y flipó.
Fué águila, garza y gorrión
aunque luego le sentó como un tifón.

Descansa en paz, Gapato,
quisiste ser pato y no lo lograste.
Volaste como águila en lo más alto
mas las palomas y gallinas comidas, pagaste.