Ahora mismo pienso en el pienso
mientras me como el cómo
engulliré mi alimento
en cuanto alcance a mi nevera.
Pienso sin pensar,
con el estómago, dejándome llevar.
Pienso sin condimentar,
sin cocinar, sólo de precalentar.
Como el aire
que trago sin respirar
como si eso
me fuera a saciar.
Lo gracioso es que
con tanto pensar, comer,
tragar e imaginar
olvidé un detalle importante
que al forzar el frigorífico
la realidad me hace recordar:
esta vacío,
no he pensado en ir a comprar.
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