¿Te imaginas en la época de Góngora y Quevedo?
Con sus bandos, como si fuesen matones.
Atacándose líricamente.
Clavándose afilados versos en cruel estocada.
Corría el siglo de oro,
tiempo del Conde-Duque de Olivares.
Culteranistas a un lado,
conceptistas al otro.
Empuñando sus plumas
cual sables sedientos de sangre.
En medio el papel
y ríos negros de tinta
que, pese a no ser rojos,
parecían brotar como sangre
salpicando de sus cortes y heridas.
Coincidieron en aquellos años
con Lope de Vega
y algunos poetas clasicistas
pero ninguno se metió
en dicha reyerta.
Era un duelo estrófico.
Dos corrientes que chocaban en la marea.
Dos poetas, distintos, eso sí,
pero no hay duda que lo eran.
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