miércoles 9 de noviembre de 2011

Palabra quebrada


La palabra creía su espada
cuando a ratos, a su capricho,
la empleaba sobre el papel.

La usaba en arrebatos furiosos,
forzándola sin ningún talento,
maquillándola sin conocimiento.

Incapaz de una simple metáfora,
un doble sentido,
ni siquiera un sentido figurado
que fuera al menos tan hermoso
como pueda serlo la hoja...
en blanco.

La hoja, blanca,
como blanca su imaginación,
su habilidad, su capacidad de crear imágenes
que además de tener un sentido
fueran dignas de ser evocadas.

La palabra, si era su espada,
más que mellada,
ya estaba quebrada.

Quebrada como su voluntad
en agonía, esperando a la que fuera
la última estocada.