No era él el más valiente
ni ella la más guapa del bar
pero la música parecía pedirle
que la invitara a bailar.
Ninguno de los dos supuso
que con tiempo se iban a casar
y tras tener unos cachorros
formarían lo que se dice un hogar.
Sólo querían divertirse
y los contoneos, el ritmo, disfrutar.
Poco a poco surgió la chispilla
y ninguno la quiso apagar.
Quedaron para conocerse,
tomar algo y charlar.
Lo que fue una cita fueron dos
tres, cuatro y luego un no parar.
Nada, que habían sentido el flechazo
del plumoso niño y de su azar.
Dos que tuvieron suerte
y del amor podían disfrutar.
Más detalles no quiero dar
pues no es lo mío el chafardear.
Sólo una cosa, no os extrañeis
si algún día a aquel lugar vais a parar
y escuchando una canción de glorias pasadas,
veis, en un rincón del local, a una pareja bailar.
Serán ellos, que cada año,
les gusta su primer encuentro recordar.
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