viernes, 8 de julio de 2011

A veces

A veces
uno escribe y por
el simple hecho
de ser el que llena
el espacio en blanco
cree tener algo que
vale la pena
ser escrito.

Consejos
cuando justo por las
malas sensaciones que
tienes estás escribiendo.

Grandes afirmaciones
cuando no estás seguro
de nada; ni de ti mismo.

La retórica del necio.
Ese recurso literario no
me lo habían enseñado.
Será que se nace con él.

Bueno,
igual que hay pintores
mejores y peores...
Y para no variar costumbres
siempre hay el justificar:
peor si se queda
en blanco.

Resulta curioso que
en ocasiones las palabras
creadas en el mayor vacío
parezcan tener más
sentir que las vividas.

Como si lo artificial
formase parte de
la realidad
y lo real dejara de serlo.

Resulta curioso que
por repetir un verso
uno crea al escribirlo
que le da más fuerza
a algo que intenta evocar
fruto no del corazón
sino de una idea.

Ya está aquí.
El recurso fácil de
hacer grandes versos,
creyendo ser un gurú,
cobra ímpetu de verso
en verso.

Es curioso que cuando
es tan visceral lo que te
lleva a escribir
parece que todo
empeño vaya a
disimularlo.

Y ¿para qué escribes
si no es para que lo lean?
¿Para escupirlo?
Eso queda bonito,
escrito,

pero de ser así
lo romperías o
lo guardarías
no lo darías a conocer.

La poesía no es sincera,
o al menos la que
de éste brota.
Es fruto del pensar,
del sentir y
de lo que quiero escribir.

Eso creo porque
al final quien sabe
si es más mio que
de mi subconsciente
o de las palabras
que por mi mente pasan.

Es papel mojado
que cada cual interpreta
como le apetece.

Tonterías rebuscadas
"grandes" problemas
y "desesperantes" situaciones...
porque claro, la realidad
es tan simple y aburrida...

Ya me he cansado
por hoy de escribir.
Ahora, en teoría,
debería poner algo
para decir
FINAL.

sábado, 2 de julio de 2011

La llama

Oh, musa,
dime,¿eres tú quién lo provoca?
¿Acudes a mí en desbordante llama?
¿No? Entonces, ¿quién
perturba mi descanso y genera
una flama que me atraviesa el pecho?
¿Quién es responsable
de que el aliento me salga entrecortado
y me sea dificultoso
el simple acto de pensar?
Como si a la razón la empujara
algo en mí que me es extraño,
que no es físico ni es mental.
Algo que, como un mal,
ha entrado esquivando las defensas
y es detectado al manifestarse.
Ese murmullo, ¿qué me dice el corazón?
¿Amor? No puede ser...
Así, ¿sin previo aviso?
A traición como cobarde,
por la espalda y estando,
como me siento,
desarmado.
Ya afloja, se calma,
pero no desaparece.
El foco de la llama se ha alejado
pero el papel, sin vuelta atrás,
ha quedado prendido.

La profundidad no se mide en pulgadas

Si el sentir fuera
como el hablar
quizá sincera
mejora hallar

en el decir y sentir,
en el trato y pensar,
y aún más fácil vivir
sin nada oculto a tensar.

Quién sabe si
hallarse el modo
se pueda y si
bueno es en todo.