lunes, 4 de enero de 2010

Poesía retraída(I): Nuevo

La trascendencia es algo que todos perseguimos
pero ¿te puede cambiar algo que ya has vivido,
algo que olvidaste o que se relajó con el paso del tiempo?

El impulso, el éxtasis del momento es efímero.
Puede parecer que ese bienestar, esa iluminación deba ser eterna
o que haya producido un cambio en las raíces de nuestro ser.

Lástima que esa sensación se repita periódicamente,
con distintos focos desencadenantes,
pero la misma importancia en el momento vivido.

Si realmente cambian nuestro ser, nuestra esencia,
¿como es que al rememorarlo todo en el siguiente instante emotivo
percibimos de nuevo un gran descubrimiento?

Quizá es que esa es una tarea constante, sin fin,
tal vez cada uno deba pasarse toda su propia existencia
remodelándose a si mismo.

Hallándose en las cosas hermosas, no en su sentido estético,
hermosas porque nos golpean realmente, aquellas que
se abren paso a través de toda barrera.

Hay cosas que nadie puede explicar
se puede intentar, pero ni con todas las palabras del mundo
se lograría plasmar aquello que supera la sensación.

Una obra artística, un instante vivido,
un recuerdo o un descubrimiento propio
nos pueden dar una fuerza superior a toda lágrima o sonrisa.

Como un espectador, se comprende sin saber.
Todo encaja, sin tener respuestas ni explicaciones,
donde el término regocijo se queda corto.

El tiempo, el espacio, el individuo o la norma social
se desvanecen silenciosamente en un mar calmado
sin saber qué corriente empuja pero vislumbrando con ansia sus orillas.

Todo se torna banal e importante, sencillo y dificultoso,
lejos y cerca, demasiado tarde y temprano,
en algo que no se comprende pero de algún modo forma parte de nosotros.

Seria tarea inútil definir, etiquetar, explicar o plasmar en verso
aquello propio de la esencia humana así que
esto no es más que mi paladear propio de lo más sabroso.

domingo, 3 de enero de 2010

La fuente

La fuente borbotea, lentamente, sobre el estanque.
Las palomas baten sus alas entre los árboles.
El viento agita suavemente las hojas.

Dos gorriones jóvenes se asoman al borde del agua, jugando.
Los juncos se agitan, meciéndose.
El agua refleja al mundo con un ligero temblor.

En un árbol solo queda una hoja que,
tras un golpe de aire más fuerte,
cae.

Un grupo de gorriones se reúnen entre las piedras,
como si encontrado hubieran algo.
Llega una garza y les hace partir.
Examina la zona y se va. Ellos no vuelven.

Una nube pequeña y alargada se divisa a lo lejos.
Cruza el horizonte a paso vivo sin acercarse.
La garza vuela a la copa de un árbol grazna un par de veces
le responden a lo lejos y parte en esa dirección.

Un pájaro negro, pequeño y de gesto nervioso se acerca,
se mete en el agua helada y se baña, a intervalos, siempre alerta.
De un salto sube a un arbusto, se agita y se seca, siempre alerta.

Con un revuelo un pajarillo, de largas patas y pico,
plumaje azul y blanquecino, se posa en la hierba
observando el agua y su entorno.
Con par de saltos va al borde. Se escuchan graznidos.
se va.

Me suena la alarma del móvil.
Me levanto y me voy a trabajar.