martes, 27 de mayo de 2008

Poesia en català(XV): No entenc

No entenc com pot haver-hi gent
que per parlar en català
es cregui diferent.

No entenc com pot haver-hi gent
que per tenir cultura pròpia
es cregui que és incompatible amb una altra.

No entenc com pot haver-hi gent
que repeteixi tant la paraula xarnego
quan part de la seva sang no és catalana.

No entenc com pot haver-hi gent
que vol estrènyer llaços amb Europa
i trencar-los amb Espanya.

No entenc com pot haver-hi gent
que resta envadalida danvant l'antiga Corona
i fa fàstics amb l'Imperi.

No entenc com pot haver-hi gent
que consideri una nació diferent
a la part d'una terra.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Poesía inopinada(XVIII): Sólo un sorbo

Veo la tierra, el mar.
Se me muestran las personas
que los habitan.

Gente que merece mucho
y no tiene nada.
Gente que tiene mucho
y no merece casi nada.

¡Ay Dios! ¿Como puedes ver eso
y no intervenir
de un modo claro,
visible, como haría un ser humano?

Ya, no puedo quejarme.
Tengo comida. Estudio.
¿Da gracias por lo que tienes, no?
Ambos sabemos que lo hago.

Es que me resulta triste
el rumbo que toma el mundo.
Es que no veo claramente
si el modo en que actúo es correcto.

Sólo suspiro por vivir tranquilo
y en paz.
A ser amado
y amar.

Sólo pido un sorbo de aire tras
otro para alzar mis ojos y contemplar
como surge el sol cada mañana,
como sopla el viento contra mi cara,
como se duerme el mundo al llegar el ocaso.

Alto. ¿Quién osa decir que aspiro a mucho?
No es nada que nadie merezca.
Es algo que pertenece,
o así debiera ser,
a todo aquel, aquella,
que aún un solo sorbo haya tomado
de éste aire cuyo único dueño
tomó de él varios sorbos
ya hace más de mil años.

Veo que todo lo que nos rodea
avanza, mejora, evoluciona
pero... ¿y nosotros?
¿Hemos cambiado las personas últimamente?

martes, 13 de mayo de 2008

Martes 13

No entiendo toda esa superstición con lo del martes 13.
Nunca he escuchado a nadie gritar "¡cuidado! ¡¡Tienes un martes 13 a tu espalda!!" ni nada por el estilo.
Pero qué diantre...
si es mi cumpleaños.

viernes, 9 de mayo de 2008

Poesía inopinada(XVI): Enardecido azar

Me pregunto,
¿algún día alcanzarán mis versos
la magnitud de Juan Ramón, de Quevedo?
Poemas que dan gusto leer.
Poemas que dan gusto recitárselos a uno mismo.
Verdaderos poemas
de verdaderos poetas.

Soy aprendiz en el arte de la lírica.
Soy el ayudante que observa a su maestro
y como tal quiero alcanzarlo,
y como tal pregunto:
¿cuándo?

¿Cuándo estaré preparado?
¿Cuándo el empuñar la pluma
me surgirá con gesto grácil?
¿En qué momento alcanzaré la gloria,
el éxtasis, esa extraña sensación literaria,
al escribir mis versos?

Sólo sé lo que me muestran mis ojos.
Sólo conozco la realidad de mis sentidos.
Ellos me muestran un leve atisbo.
Un instante lúcido en la oscuridad de la noche.
Un enardecido fluir de palabras
que cesa en poco tiempo,
quién sabe si fruto del azar,
o de una mano oculta que éste fruto me da a probar.

Poesía inopinada(XV): Reloj finito

Aparco con prisa,
un poco torcido,
en el hospital.
Cruzo las puertas de urgencias.
Me detengo un momento.
Gente a mi alrededor.
Unos que entran.
Una señora que sale.
Bancos. Hileras y más hileras.
Plástico verde, incómodo,
sobre estructura negra.
Personas de mirada perdida.
Otras hablando.
Rostros alegres, pocos,
alguna mala cara
y montones intermedias.
Al fondo el mostrador, con cola,
donde dos señoras con bata
atienden por turno.
Miro entre los bancos
hasta que la encuentro.
- Hola, ¿te han dicho algo?
- No, aún no ha salido nadie
ni han llamado.
Ante nosotros una puerta inmaculada,
blanca toda ella
desde el pomo
a todo lo que veo de ella.
Pasa el tiempo.
Nuevos inquilinos
se sientan alrededor
a medida que los demás se marchan
según los vaivenes
de la puerta blanca.
Poco después pregunta
un señor con una hoja en la mano
recién salido por la puerta.
De nuevo se acelera el tiempo
y todo acontece con ritmo espectacular.
Las horas que lo tienen en urgencias
y cuando deambulan con él en la camilla
por el hospital
hasta que lo dejan
en una habitación con dos tipos más.
Transcurren los días, varias semanas
en las que ir a visitar es constante.
Tanto cruzarse con el personal.
Tanto usar el ascensor y pasadizos.
Ni que trabajase o viviese allí.
Con las visitas, noticias nuevas,
pocas buenas,
la mayoría malas.
El reloj se agota,
la arena se termina
y los últimos granos
son de cantos afilados.
Los ojos que no se cierran.
La máquina de línea recta
desconectada.
El entierro,
la sepultura y el funeral.
Las caras largas.
Las ropas oscuras.
Aquellos familiares que tiempo ha
que no veía.
Al final,
última línea de libro ya vendido
media petaca para mi, a tu salud,
y la otra mitad contra la tierra.
Por los buenos tiempos, digo,
y los agradables momentos pasados.
Porque los malos, con el tiempo,
se los llevará el olvido.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Poesía inopinada(XIV): Mis palabras

Decidme,
¿por qué brotáis cuando no tengo lápiz a mano?
Venís a mi mente en furtiva visita.
Os mostráis, danzáis y salís corriendo.
Efímeras, distantes e inmundas criaturas.
Bestias, pese a que hermosas, incordiantes y nocturnas.
- Escuchad nuestras voces,
gozad vos también del fuego y calor
que en vuestros sentidos podemos generar-.
Decís,
y yo, ensimismado,
absorto por los gráciles movimientos,
maravillado ante vosotras,
os obedezco.
Me dejo llevar, como hechizado,
y jugáis conmigo
sin dejarme evitarlo.
Un día lograré cortaros las alas.
Un día no acudiréis a mi en el lecho, desarmado.
En su hora señalada las puertas del ingenio cerraré
viéndoos atrapadas.
Entonces vosotras, enjauladas,
os convertiréis en mis palabras.
Se os acabará escudarse en el sueño.
Terminará el malestar del olvido.
Os acostumbrareis a la luz,
a la mañana, tarde y mediodía.
Acordaremos cuando aflojaré vuestras cadenas,
pesadas para ataros a mí,
para dejaros danzar y deleitaros en vuestra esencia.
Seré yo el amo de vuestras acciones.
Nunca más ya el instrumento de vuestras diversiones.

lunes, 5 de mayo de 2008

Poesía inopinada(XIII): Encuentro fugaz

En la calle, húmeda, yo andaba
con la mente volando a lo lejos
cuando el pañuelo cayó a una dama
y con gesto raudo recogí.
Me adelanté y se lo entregué.
Deslumbrar. Aliento entrecortado.
Con las gracias desapareció.

Poesía inopinada(XII): Tiempo sublime

Las hojas se retuercen por el viento.
Las ramas balanceándose sobre nosotros.
El tacto de la hierba contra mi nuca
y el tuyo en mis labios.
Tus ojos a tocar de los míos.
Nuestras manos entrelazadas.

Observo el sol dorado
entre tus mechones de oro.
El tiempo se detiene.
Las hojas, las ramas,
todo permanece quieto,
parado y en silencio,
excepto nuestros corazones.

Al mismo tiempo parece
que todo fluye en un soplo.
Una corriente de aire nos rodea
pero que no nos incluye en él.
El mundo y lo que le acontece,
por unos instantes,
se diluye y desaparece.

En un susurro al oído
me dices toda la música que quisiera escuchar.
Todo el arte pictórico ante mis ojos
con solo posarlos en ti.
La inspiración que quiera
al pensar en ti.
Tu ser me embriaga con gusto.

Un destello me despierta del letargo.
Un reflejo de luz en tus ojos
me devuelve al mundo,
al crujir de las hojas por el viento,
a la hierba contra mi nuca.

Con unas sonrisas hablamos
y con los ojos, al mirarnos,
comentamos el despertar de ambos.
Sería agradable que fuese eterno.
Más que eso,
sería sublime.