martes, 25 de marzo de 2008

Poesía inopinada(VII): Dubitación

A veces se nos nubla
y vuelve opaca la visión.
Como si faltase el aire,
miramos alrededor,
pero sin saber del todo
qué esperamos encontrar.
Entonces es cuando debemos confiar.
Sin desentendernos.
Al mismo tiempo que se evita
obsesionarse.
A veces,
al mirar en el corazón,
tardamos un poco en ver
según el grado de luz y sombra.
Calma,
toda tormenta pasa,
no existe la niebla perpetua.

domingo, 23 de marzo de 2008

Poesía inopinada(VI): El día en que la inocencia murió

Los rayos golpearon su rostro,
lleno de vida,
inocente todavía.

Un día hermoso como otro,
parecía.

La jornada transcurría
tranquila, sin novedad,
pero algo entonces sucedió.

De repente el mundo a su alrededor era extraño,
desconocido.
El tupido velo que hasta aquel entonces
había portado frente a sus ojos
se desprendió
y cayó.

Un vacío
y una sensación nueva le llenaban,
le oprimían el pecho.

El mundo seguía girando
a su alrededor sin darle un instante.
Necesitaba tomar aire.
Necesitaba decir basta.

Quería gritar.
Deseaba mandarlo todo al cuerno,
recoger el velo del suelo
y volver a lo anterior.

Ya era tarde.
No había vuelta atrás.
Hay cosas que una vez se pierden
no se encuentran de nuevo.

Para bien o para mal
la agonía fue corta.
Una parte suya
fue enterrada en vida
y ni se le hizo velatorio.

sábado, 22 de marzo de 2008

Poesía inopinada(V): Pueblo olvidado

- ¿Ves estas ruinas,
detrás de la colina?
Mucho tiempo atrás
aquí vivía gente.

- ¿Y qué les pasó?
¿Por qué se marcharon
y abandonaron el que era su hogar?

- Nadie lo sabe.
Nunca se logró descubrir.
Sólo sabemos que estuvieron
por los restos que dejaron.

jueves, 13 de marzo de 2008

Poesía inopinada(IV): Tiempo habido y pasado

Hubo un tiempo
en el que te amé.
Te deseaba.
Casi casi te veneraba.

Desde que la aurora me despertaba
hasta que la oscura noche
En el letargo me sumía,
con cada soplo,
en ti pensaba.

En tu presencia el mundo
que nos envuelve desaparecía.
Sólo tenía ojos para ti
y tus delicadas maneras.

Tu sonrisa
fue la brisa
cuya leve caricia
a mis retinas
daban la vida.

Antaño por ti habría luchado,
sufrido y sangrado en mil batallas.
En aquel entonces cada día
ya era feliz si así te veía.

Hubo un tiempo...
Pero ya pasó.

domingo, 9 de marzo de 2008

Poesía inopinada(III): Consejos

Procura ser feliz
con lo que tienes
pues de otro modo
siempre estarás triste.

Tarea difícil según el caso,
situación o estado de ánimo...
Es fácil dar consejos,
proponer ideas a los demás,
sugerir para que otro lo haga
y más aún si uno se siente
ser observador desde la altura.
Otra cosa provarlos.
Tan distinto el aplicar
en la propia piel,
susodichas ideas.
En lugar de llenarse la boca de palabras
al borde de la asfíxia.

El imperativo debería estar limitado
a las recetas e instrucciones,
como más al diálogo interno.

domingo, 2 de marzo de 2008

Poesía inopinada(II): Esencia

La esencia de los versos no radica en un significado oculto
ni habita en su forma literal.
Ésta se encuentra en el vínculo que se forma
entre lo que siente el poeta al escribir
y el espíritu lector ante el escrito.
La poesía no es escribir,
recitar ni estos versos.
Es transmitir.

Poesía inopinada(I): Efímero testigo

Fluye, verso,
de entre mis neuronas.
Muéstrate, sentimiento,
desde el corazón.
Que éste efímero instante
en que escribo estas líneas
sea testigo desde el pasado
que algún verso escribí.

Poesia en català(XII): Record d'infantesa

Un cor ardent que
al girar-se un fort vent mariner
s'esquinça i trontolla tot d'una
pel record llunyà que rememora.

Temps d'infantesa,
d'innocència i vida complaent.
Imatges d'instants ençà,
quan el cel semblava més blau
i l'olor del mar semblava més forta.

Pescadors feinejant a la platja.
Al passeig el fondista i el mestre
remugaven per la ventada del diumenge anterior
mentre nosaltres passejàvem,
agafadets de la mà.

Als nostres ulls,
tant vius al mirar-nos,
encara absents de la guitza de l'experiència,
només s'apareixien les coses boniques.

El suau murmuri de les onades
d'aquelles tardes que dedicàvem
a intentar fer volar aquells estels de paper.

L'acompassat gemec dels grills quan,
vora la pineda,
ens vàrem fer el primer petó.

Aquella plujosa nit
en que hi havia festa al poble
i ens quedàrem sols a la porxada
entre bessades i confessions
arraulits i a cau d'orella.

L'últim dia d'estiu,
aquell que em vas regalar
el penjoll de l'estrella polar
i m'informares que l'endemà marxaves.

Ens juràrem que ens escriuríem,
que tot allò viscut
mai no es perdria en el passat.

La veritat, jo,
a la tercera carta que et vaig dirigir
i després de tant temps sense ni una teva
vaig desistir, ja massa enutjada.

Els anys van anar transcorrent,
la remor del mar ja no em feia recordar-te,
ni els estels, ni els grills ni la pineda.
Poc a poc vau desaparèixer
tu i aquell estiu,
tret del collaret, que sempre duia.

Vaig anar a estudiar,
a ciutat i amb grans multituds.
Passaren els anys, els desenganys i els benentessos.

Un cop ja diplomada,
amb el títol i totes les lletres,
me'n vaig tornar a aquest,
lo meu poble,
on coneguí al meu marit, espòs i estimat.

Els surcs del temps m'han marcat el rostre.
La vigorositat de la joventud
ja fa molt temps que m'abandonà,
però encara avui,
algun cop al sentir les onades,
veure els meus néts jugant a la platja
o al possar-me al matí el collaret,
et recordo.

La descoberta del món enmig de les rialles.
L'encís i sentiment dels moments que passàrem.
El mode punyent del desenllaç, agredolça experiència.
Fermament és el meu desig
la teua vida hagi estat tant feliç
com ho ha resultat la meva.